Cuento: Por el !Zaz de mi ortiga!

 

¡Por el zaz de mi ortiga ¡

Alex, no te olvides ¿dónde naciste, quien soy y cuando llegamos a la Zulay? fue en diciembre, que el destino te escogió para llorar de niño y todos en casa entendieron la alegría que provocaste en la familia, tú eres hijo de los Alvarado el décimo tercero.

Yo también, olvidándome de los detalles de parir en cuclillas, siempre te amaré por si acaso se te olvida.

Ahora, que veo tu presente le pregunto al bastón de mi cansancio, ¿por qué te desprestigias, hijo mío? ¡Vamos! No dejes de visitarnos a comer delicias del mes de ukuy, al llamado para desviar el río para la pesca, a beber la chicha de nuestra fiesta, a compartir en medio de fogatas de yucas quemadas, al baile recomendado donde doy vueltas batiendo el cabello arrinconándolos.

Te recordaré que la vida es alegría y no debes tocar la arcilla e imitar al mono cuando canta. Eres muy joven, sé que tú traerás más días para la historia, darás golpes al mentón de la miseria y entonarás canciones con tu boca cuando dibujes en el lodo con tu dedo.

Por mis abuelos, quiero decirte que te amo y te contemplo desde nuestro modo de vivir influenciados por nuestros antepasados.

¡Corramos de vuelta a casa! En el pueblo nos contarán sus aventuras, ¿cómo fueron los demás jóvenes desde la OPIP, La Tarqui, el Obrero, Los Ángeles, Picolino, La Vásconez, La Santo Domingo hasta Carondelet, ¿también historias olvidadas de quindes que traen el fuego en el pico y otros quindes que apagan?, los soplos de suspiros con las ortigadas y la batea llena, te recordarán que la música está en tu boca, el tambor que resuena el cuero seco de la raposa con un toque de nuestro ritmo, te redimirá el alma.

-Alex, esta es la tarde cuando anochece en San Jacinto.

Necesito que tu cuerpo se purifique ante el pueblo y que pases; ¡por el zaz de mi ortiga ¡

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